jueves, 24 de octubre de 2013

José Antonio Álvarez Condarco

Hoy les hablo de Alvarez Condarco, un personaje lamentablemente poco reconocido y hasta olvidado, de gran importancia en la campaña libertadora del General San Martín. La siguiente nota es extraída de "Los Hombres de San Martín" por Jorge Sosa:

         

 Dicen que José Antonio Alvarez Condarco, que era el jefe del polvorín en el campamento del Plumerillo donde se preparaba el ejército de los Andes, por orden de San Martín había prohibido que ninguna persona entrara al polvorín si no estaba vestido de manera acorde a los planes de seguridad. Un par de espuelas podían producir una chispa y adiós polvorín y todo lo que hubiese alrededor. Una noche el propio San Martín pretendió entrar a ese depósito de armas y pólvora. El soldado de guardia lo detuvo. -Así no puede entrar, señor - San Martín miró con ojos fieros a su subordinado:- Soy el General San Martín - le dijo, presionándolo. El soldado ni se inmutó:- Sé quién es, señor, pero yo tengo órdenes de no dejar entrar a nadie que no vista en condiciones, ni al mismísimo general San Martín. - El general acondicionó su vestimenta para entrar y al día siguiente reconoció, frente al ejército reunido, el sentido de la obediencia de aquel muchacho al que no lo asustaban galardones ni charreteras . Seguramente Alvarez Condarco se habrá sentido muy feliz con la personalidad de su soldado.
               Es que era muy estricto José Antonio y muy metódico, memorioso, e inteligente. Alguna vez había estudiado cartografía y por todas esas condiciones San Martín lo eligió para una tarea sumamente peligrosa: ir y volver a Santiago de Chile memorizando todos los accidentes de los caminos, que entonces eran caminos irregulares, polvorientos, llenos de obstáculos Claro que para ir se necesitaba una excusa. La recientemente lograda Independencia vino de perilla. José Francisco lo hizo cruzar por el camino más largo, el del Paso de los Patos, hoy San Juan, sabiendo que los realistas de Chile lo iban a devolver por el camino más corto. Así se relevaban los dos caminos más importantes que utilizaría el ejército del cruce. Alvarez Condarco recorrió el camino de ida con mucho sacrificio, en esa época cruzar la cordillera era una tremenda aventura. Ya en Santiago le presento al Gobernador Marcó del Pont el Acta de Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Marcó del Pont se indignó, estuvo a punto de hacerlo fusilar, pero optó por echarlo del territorio español por el camino más corto, el que actualmente une Uspallata con Villavicencio.
              Así se cumplió la previsión de San Martín. La indignación de del Pont debió ser grande porque al despedirlo le dijo: “Yo firmo con mano blanca no como San Martín que tiene su mano negra”. Alvarez Condarco en su ida y vuelta memorizó cada tramo de los caminos, no podía anotar nada porque de descubrirlo hubiera puesto en peligro su vida y la causa. Cuando retornó a Mendoza dibujó con precisión de cartógrafo todos los accidentes del terreno, valiosos mapas que ayudaron al cruce exitoso de la tropa.
             Pero también Alvarez Condarco era militar, su desempeño en la batalla de Chacabuco fue elogiado por su valentía por el mismísimo general. Luego de esa batalla el realista Marcó del Pont fue detenido por el Capitán Aldao y llevado a Santiago. Allí lo recibió San Martín con toda sencillez. Al verlo le dijo, irónicamente, “¡Venga esa mano blanca, mi general!”. Debió reir mucho Alvarez Condarco, por la contestación de su superior, pero más que nada por esa hazaña de hacer mapas de memoria. Fue parte de la guerra de zapa. Alvarez Condarco hizo de espía para su causa. Su intervención fue decisiva.


El dibujo



Don Benavidez lo vio llegar despacio a la posada, al tranco de su ruano, sin apuro, como mandan los buenos consejos de la montaña. Las alforjas cargadas y la tierra metida hasta en la mirada. Pidió un lugar para descansar y no dijo mucho más. Venía de cruzar los Andes y esos propósitos suelen imponer silencio. Durmió sus buenas horas y al despertar Benavidez lo convidó con un buen sancochado, pan casero y una copa de ese vino que había traído en su último viaje al valle de Huentota. José Antonio se sentó a la sombra de un algarrobo añoso. Pensaba, memorizaba. Con una rama fue dibujando en la tierra polvorienta de Uspallata, mensajes de su memoria. “La cuesta del lado chileno es la más difícil, tal vez de bajada no lo sea tanto.
Después de Paramillos el camino se le pega al rio y habrá que tener cuidado con los precipicios”. La ramita dibujaba en la tierra triángulos de montaña, serpientes de ríos, hilachitas de caminos. “Al llegar a las casuchas se ensancha el valle y se puede andar con soltura. Hay pastos ralos, pero pueden servir para alimento del ganado, no mucho, tal vez uno o dos días”. La ramita dibujó redondeles, varios. Rocas, mucha Aconcagua. Don Benavidez se le acercó con un mate de piel espumosa. Se sentó frente a él. Señaló los dibujos.
- ¿Recuerdos?-
- Así es amigo, recuerdos. -
- Parece un mapa.-
Sonrió Alvarez Condarco. Ese hombre sabía, él estaba aprendiendo.

La guerra de zapa

El concepto es que una batalla comienza mucho antes de que se libre la batalla, tratando de confundir al enemigo, de desmoralizar a sus tropas, de infundir miedo, de ganar adeptos. San Martín la llamó guerra de zapa. Datos falsos, actividades de espías, búsqueda de aliados, guerrillas, mensajes cifrados, proclamas para buscar el beneplácito de los pueblos a invadir, alianzas con nativos, búsqueda permanente de información sobre el enemigo, infiltración de hombres en las filas realistas, rumores, mentiras, engaños. Todo perfectamente coordinado por ese gran estratega que fue San Martín. Se podría decir que San Martín ganaba sus batallas con antelación, eso fue lo que lo llevó a entrar en Lima sin haber disparado un solo tiro. Muchos hombres sirvieron a la guerra de zapa. Alvarez Condarco fue uno de ellos.

Canción

MEMORIA DE LA LIBERTAD

Abra bien los ojos don Antonio
que hay mucho que aprender y que mirar,
dibuje en su memoria los detalles
que habrá que hacerle un mapa al general.

De ida por Los Patos, don Antonio,
no anote nada no puede dibujar,
recuerde lo que ve y no diga nada
que la oreja del rey puede escuchar.

Mire que se juega la vida
Mi vida es mi deber
Mire que van a castigarlo
No me han de poder
Mire que pueden matarlo
Si muero viviré

Copiador de paisajes, don Antonio
por Uspallata lo van regresar
usted pinte el camino en su cabeza
que precisa un camino el general

Un arroyo, un vado, una pendiente,
una quebrada, una piedra, un glaciar
No se olvide de nada que por su mente
habrá de caminar la libertad



FICHA DE VIDA

Nació en San Miguel de Tucumán en 1780. Apoyó con entusiasmo la Revolucion de Mayo. Su conocimiento de los explosivos le valió ser nombrado director de la fábrica de Córdoba en 1812. También eran importantes sus conocimientos de cartografía. Fue ayudante de campo y secretario privado de San Martín. Combatió heroicamente en la basu posición antirrosista debió permanecer en Chile donde murió en 1855, en la más absoluta miseria.




¿Cómo nos arreglaríamos hoy para vivir la experiencia que vivió Alvarez Condarco? No creo que pudiéramos, porque hoy estamos acostumbrados a viajar cómodos y rápidos. En aquella época, viajar cómodos era tener buenos animales que aguantaran la travesía, buena montura para que las asentaderas soportaran el traqueteo, ropa resistente para soportar las inclemencias del clima tan cambiante en la montaña, tal vez proveerse de comida duradera, más que rica, duradera, que aguantara un viaje de tantos días sin postas para descansar. En aquella en la cordillera no había postas. Era cuestión de salir para llegar, y llegar era un camino muy sacrificado. Hoy tenemos vehículos que hacen la travesía en pocas horas. Tenemos caminos asfaltados, y lugares donde descansar o proveernos en muchos sitios de la montaña. Tenemos micros con baños, entonces el baño era toda la cordillera. Y si nos ocurre algún percance, no solo están los puestos de seguridad, desparramados en la ruta, sino que la ruta está tan transitada que la ayuda puede ser requerida con rapidez. En los tiempos de Álvarez Condarco, el viajero, si salía solo no veía a nadie más hasta su destino, estaba librado a su soledad y a su suerte. No creo que pudiésemos.

2 comentarios:

Pablo Doti dijo...

Excelente entrada, bien documentada e integral para neófito: Felicitaciones!

Celeste Profitti dijo...

Muchas gracias Pablo, eso intento! Saludos!

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